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    December 18

    Dos aves de paso se despluman para Ud!

    Esta crónica -pese a Joaquín- marcadamente marciana se arrastrará lo menos al ras del suelo posible. Es que es díficil levantar vuelo literario ante semejante acontecimiento. Cualquier palabra queda chica, cualquier chica queda sin palabras y sin novio, y cualquier hijo de vecino como uno, queda sin parábola que describir, porque este concierto no tuvo un pico, tuvo dos. Dos pajarracos dispuestos a desplumarse por el público, con sus respectivos picos picoteando acierto tras acierto. Ah, cierto, olvidaba lo marciano de la crónica: El planeta rojo salió por sobre el cénit del escenario y recorrió su órbita habitual, aunque por momentos se le vieron las ganas de ser un humilde asteroide para venir a estrellarse a la bombonera esa misma noche y, si tal hecho no provocare una catrástrofe, disfrutar también del show. Desde la llegada de la ambulancia, que debió quedarse ahí para llevarnos a todos luego, porque creo que varios coincidieron con mi vieja cuando dijeron al final del final: "Listo, ya me puedo morir tranquila". Tengo que corregirme. Esto no va a ser una crónica. No tengo tanta sangre en las venas como para tirar por ahi. No voy a describir "el recorrido por los repertorios", "las magníficas interpretaciones", no, además repito: Nunca bajó, fue un constante ascenso. Cuanta química! Y que física! Este fue el "E=mc2" de la música, la poesía, las emociones y la piratería de la buena al mejor estilo canallesco del Negro Jack Fontanasparrow del puerto Rosarino a Barcelona, volviendo por Ubeda hasta la mismísima cancha de Boca! Miren que digo! Si hasta uno estaba feliz del olor a mierda (o Kaká) típico de la región! Así fue que golpe a golpe, verso a verso, seso a seso, se fue transmitiendo la marca de res inolvidable y desde hoy inviolable que se grabó a golpes de sol y agua, sin llover y siendo de noche. Y con Marte el domingo. Y con el flaco y el nano, mas vivos y culeando que nunca, para la libertad, haciendo camino al rodar, con palabras de amor y de las otras, cantando cantares, dándonos las mil quinientas, cero días y una noche, en el callejón melancolía del que sólo estos dos nos sacan y nos meten como quieren, controlando las mareas de fuego de las chimeneas con la maestría de no quemar las alfombras y si las naves, porque después de esto no se puede volver atrás, después de tanto ruido, dos aves que están mas para la estadía que para el paso, el otro día pudo ser un gran día, pero no, fue una gran noche. Ocupen su localidad o su localía, ya no hay visitantes. No hay populares, no hay plateas. Hay dos pájaros a tiro...y ya nadie los puede matar.